Cuando hablamos de las
niñas y niños del cole en las distintas reuniones de profes (sí, hay unas
cuantas) suele salir a colación las dificultades para prestar atención o para
concentrarse en las explicaciones, al hacer las tareas… Decimos “es que se distrae con facilidad”, “no escucha a la profe ni a
sus compañeros/as”, “tiene despistes”, “no le motiva nada”…
Al intentar buscar las
causas de estos comportamientos, entre los sospechosos habituales siempre están
ellas: las pantallas. Las pantallas y monitores de todos los aparatos que
conviven con nuestros peques: la tele, la tablet, las consolas, el móvil
(primero el de papá o mamá y luego el propio).
Está claro que Ellos (y
ellas) son distintos a cómo eramos la mayoría de sus madres, padres o profes,
hay quienes les llama “nativos digitales”. Y es que no es extraño ver a un bebé
que apenas habla deslizar el dedo por la pantalla del Smartphone de sus papás para
ver fotografías o a un adolescente Whatsappear con sus amigos mientras descarga
una canción de iTunes y dice que hace los deberes.
Son distintos, sus
cerebros funcionan de otro modo. Las experiencias ambientales son las que
configuran cómo es y cómo funciona cada cerebro. Se activan distintas
conexiones neuronales cuando caminan por la arena de la playa, intentan meter
un objeto en una caja demasiado pequeña, cantan o ven Peppa Pig. Los circuitos
que más se activan se hacen más fuertes y las conexiones que no se utilizan
desaparecen. De eso se trata la plasticidad neuronal.
Hay investigaciones que
relacionan, por ejemplo, la exposición temprana (antes de los tres años) a la
televisión con las dificultades de atención (Healt en EEUU o Landhuis en
Nueva Zelanda). En otras (Carmona en Barcelona, citado aqui) se observa que los niños diagnosticados con
TDAH (Trastorno por déficit de atención e hiperactividad) –Nota para mi: otro día hablamos de TDAH- tienen alterados los
mecanismos de motivación y refuerzo. Para que nos entendamos, lo que
descubrieron es que los niños con dificultades graves de atención en el colegio
y en casa no las tienen cuando se sientan ante una pantalla porque ésta les
ofrece los estímulos continuamente cambiantes y refuerzos inmediatos ("pasas de
pantalla", "ganas vida extra"…) que sus cerebros necesitan.
Pero la vida no es un videojuego…
Entonces
¿qué hacemos?
- ¿Intentamos que la escuela sea tan atractiva e interactiva como las pantallas? ¿es eso posible? Ericsson defiende que sí.
- ¿Protegemos a los niños y
niñas de la sobreestimulación de las pantallas? Los empleados de grandes
empresas relacionadas con la informática como Apple o Google ya eligen escuelas con
esas
viejasnuevas pedagogías que apuestan por un aprendizaje más experiencial (leélo aqui).
Como siempre, como en
todo, la respuesta quizás esté en el equilibrio.
Perdonad, no he encontrado el vídeo de Ericsson en castellano. Podeis ver una versión con subtitulos aqui: https://www.amara.org/es/videos/3TIynqI7RgqU/es/406507/
ResponderEliminarMuy buen artículo. Esto si que tiene un buen peso, lo comparto....
ResponderEliminarEl artículo es muy interesante, está bien valorar los diferentes puntos de opinión.
ResponderEliminarNo podemos negar las nuevas tecnologías y el impacto de éstas, pero como en casi todo, el equilibrio puede ser la respuesta.